“Ya no crees en mis palabras. Ya no piensas que te quiero, ya te has olvidado de eso. Y me duele, muchísimo. No imaginas cuanto me duele saber que ya no crees en esas dos palabras que tanto te digo porque tanto es lo que siento... No puedo culparte porque no he estado contigo para demostrártelo día a día. Pero necesito que a partir de ahora confíes en mí, que mis “te quiero” puedan colarse en tus oídos, y que tu mente decida creerme. Quiero que hoy, después de leer esto, cogas ese teléfono que a tu derecha se encuentra, que marques mi número y decidas llamarme. Ojalá suene mi teléfono y ojalá pueda escuchar palabras alegres... ojalá tu voz me diga que vas a intentar creerme... Porque me duele tanto que no creas en mi amor, éste es fijo, real, constante... y necesito que tú también lo sientas así. Sólo hay dos cosas más tristes que esto: que tú dejes de amarme y que pueda perderte. No puedo permitirme a mí mismo que sucedan esas dos cosas, no puedo. De lo contrario, estaría muy perdido, y no quiero, no puedo estarlo. Porque te necesito, me levanto pensando en tu nombre, y eso es mucho más de lo que pueda parecer o significar... Créeme, eres lo más importante que ahora hay en mi vida, y sé que si te perdiera, tendría que pasar mucho tiempo para que yo fuera el que comenzara a creer en un “te quiero” que no procediera tu voz... Ojalá me llames, ojalá dejes que todo cambie, ojalá dejes que yo sea una razón por la que tu sonrías cada día. Quiero estar en tu vida y quiero seguir demostrándote mi amor, pero no sólo con dos palabras, te lo demostraré con otro millón de cosas que te ofrezcan felicidad e ilusión. Ojalá ahora estés sonriendo y estés decidida a llamarme... Ojalá decidas tenerme en tu vida, ojalá dejes amarte... "
Ella sonrío. Dobló el papel y... cogió el teléfono.
-¿Diga?
-Hola. Soy yo...
-Hola
-Que sí.
-¿Cómo?
-Que sí. Que quiero que me ames. Prometo no asustarme de nuevo, prometo no esconderme más. Prometo creerte . .
Prometo dejarme amar.
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